La mandarina les da pelea a enfermedades infecciosas y duras.

Por su delicioso sabor, practicidad y fácil consumo, las mandarinas son un fruto tentador. Pero el fuerte olor que desprende muchas veces hace considerar a las personas a cambiar de fruta, más si se la debe consumir en un entorno social y no en la comodidad de la casa.

Sin embargo, más allá de estas cuestiones prácticas y también de la importancia de sus propiedades nutricionales por su alto contenido de vitamina C, científicos argentinos vuelven a poner el foco en este fruto de invierno para destacar una de sus propiedades ocultas y muy beneficiosa para el ser humano.

Constanza Luciardi, becaria en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), es una de las autoras de un trabajo que demuestra que los aceites esenciales y terpenos alojados en la cáscara de la mandarina roja, conocida científicamente como Citrus reticulata, funcionan como estrategias para combatir la agresividad de bacterias patógenas en el organismo y debilitar su resistencia a los antibióticos.

Según la conclusión de la experta en el estudio, la inclusión de tales derivados benéficos en productos de la industria farmacéutica o alimenticia -en dosis determinadas- podrían favorecer a la salud humana en su duelo contra ciertas enfermedades infecciosas resistentes. Los investigadores del trabajo comenzaron a estudiar distintos aceites esenciales que se constituyen por mezclas complejas de sustancias volátiles. Y se entusiasman por los beneficios que esto puede generar en un futuro cercano.0003297138

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