El relato del calvario: “Me seguía pegando con la nena encima. Nunca frenó”

calvarioEl calvario duró entre 10 y 15 minutos en la noche del martes 2 de enero. Pero la violencia había comenzado varios años antes.

“Si no llegaba la Policía me degollaba”. Luisa Lagos está convencida de que Carlos Augusto Robledo, su ex pareja, el padre de cinco de sus siete hijos, la habría asesinado si su pequeña niña de ocho años y una vecina alertada por los gritos no llamaban a la policía.

La intervención de los uniformados puso fin a la golpiza que recibió con una sartén de hierro, un palo de amasar y una tabla. Según Luisa, Robledo había tomado un cuchillo instantes antes de que ingresaran los agentes y lo detuvieran.

Hacía un par de meses que la relación, que era violenta y traumática desde hacía al menos una década, había concluido. Pero Luisa apostó a poder pasar las fiestas tranquila y que el padre compartiera con sus hijos al menos el inicio del nuevo año, para empezar el 2018 con el acuerdo de una separación en paz.

Pero las agresiones, que se agravaron a principio de noviembre, tuvieron en la noche del 2 su capítulo más dramático.

Luisa intentó pasar las fiestas en paz con sus hijos. Noviembre y diciembre habían sido muy duros en la relación con su ex pareja. Decidió viajar a Lamarque, donde habían vivido en familia hace algo más de un lustro.

Pasó Navidad allí con algunos de sus hijos, pero regresó porque a la mayor de 24 años, fruto de otro matrimonio anterior, iban a operarla. Volvió entonces a tener contacto con Robledo que cuidó a sus hijos más pequeños esos días.
Para Año Nuevo decidieron estar juntos en la casa de él, con su madre, los siete hijos de ella y un nietito. Pero ella aclaró que no como pareja. El 2 volvió a su casa de El Cóndor, con sus tres chicos pequeños. El varón de 21 ya estaba allí.

“Esa noche cenamos y Marcelo se fue con unos amigos a pescar. Ni bien salió nosotros nos quedamos afuera, en la parte de adelante y Carlos apareció desde atrás, desde el patio como si hubiera estado escondido. Me corrió un frío por las piernas”, recordó.

Allí comenzó la pesadilla. El diálogo era tenso. El aseguraba que se llevaría los chicos de vacaciones a un lugar sin señal de celular y ella respondía. En un momento comenzó a decirle a los niños de 10, 8 y 4 años que ella “se había encamado” con otro hombre. Luisa lo negó y le pidió que no dijera esas cosas a los pequeños.

Tuvo miedo y atinó a tomar el teléfono. Pero fue ahí donde empezó la golpiza delante de los tres chicos que gritaban y lloraban pidiéndole a su padre que cesara la agresión.

“Mi nena de ocho años se subió arriba mío cuando yo estaba en el piso, pero la protegí con mi brazo hasta que no lo sentí más, tenía terror de que le diera un palazo en la cabeza”, contó la mujer.

“Todo habrá durado unos 10 ó 15 minutos. En un momento me metí debajo de la cama y mi nena quedó a un costado. Carlos me agarró de los pies y me tiraba para que saliera, entonces levanta la cama y veo que tiene un cuchillo en la mano, ahí creí que me iba a matar”, afirmó.

Vivieron 19 años juntos. Los hechos de violencia más severa comenzaron hace diez, aunque nunca había llegado a sufrir un episodio de tal magnitud.

Luis aún siente temor
La violencia de género es cíclica. Luisa soportó muchas agresiones, golpes y maltratos durante 10 años, más de la mitad del tiempo que convivió con Robledo. Pero nunca cortó el vínculo de cuajo para poder mantener el orden familiar, para que sus hijos pudieran consolidar la relación con el padre y porque además, el hombre no cesaba de perseguirla y de recordarle el amor que le tenía.

“Quiero vivir tranquila con mis hijos, no me duele que esté preso. Porque él fue decidido a matarme y nunca se frenó aún al ver a mi nena arriba mío”, sentenció.

No oculta su temor. “El tiene algunos amigos medio pesados y además, después de que le hice la denuncia 3040 de noviembre me dijo que si iba preso, cuando saliera me iba a matar”, afirma la mujer.

Ahora se propone recuperarse de sus lesiones y poder contener a sus niños más pequeños que atravesaron por un trauma profundo. “Ahora están con mis hijos y un matrimonio amigo, no han visto nada en las redes ni los medios, no quiero que me vean así”, pide la mujer. Pero sabe que su testimonio es útil, para que otras mujeres puedan identificarse y evitar llegar a un desenlace tan dramático y doloroso.
“Siempre había sido violento y manipulador”
En noviembre su ex pareja la agredió mientras la llevaba en el auto hasta El Cóndor, delante de sus hijos. Lo denunció en la Comisaría y tuvo que ratificarla en el Juzgado. Fue al Servicio de Apoyo Territorial del Consejo Provincial de la Mujer, como lo indica la Ley 3040 y asistió al programa de Violencia de Género del Zatti. Pero sólo en este último lugar se sintió plenamente acompañada.

“Cuando me informaron en la Unidad de Violencia acerca de este tema, me dí cuenta de que Carlos siempre había sido violento y manipulador. Era celoso y siempre me perseguía. Hasta llegó a hacerme tener relaciones por las fuerzas. La noche del cumple de quince de mi hija me sacó de una habitación donde yo estaba con mis nenes y me llevó a la de él y directamente me violó. Yo no dije nada porque no quería que mi nene escuchara más cosas”, contó la mujer.

Los hechos se sucedieron. A mediados de noviembre, Robledo desfiguró el rostro de un amigo de la familia al que cruzó en la calle y con el que sospechaba que Luisa mantenía una relación. “Cuando me avisaron me presenté en la Justicia y pedí un botón antipánico, pero no me lo dieron, ahí yo ya tenía miedo, porque Carlos me perseguía, me molestaba con mensajes, me perturbaba”, recordó.

Ahora Robledo permanece con prisión preventiva que se extenderá por dos meses. En tanto, la investigación por el delito de tentativa de homicidio, doblemente agravado por el vínculo y por la condición de mujer de la víctima continuará y, de ser condenado con esa calificación jurídica, podrían caberle entre 10 y 15 años de prisión.

Luisa, por su parte, espera una prótesis para recomponer su mandíbula, los clavos para su brazo fracturado, que se le desinflamen los hematomas de su rostro y que los médicos le quiten las decenas de puntos de sutura en su cuerpo cabelludo.

Más tiempo llevará seguramente la recuperación psicológica propia y la de sus tres pequeños hijos de 10, 8 y 4 años, que fueron testigos de la violencia que su padre ejerció durante esos terribles minutos del inicio del tercer día del año.

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